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La sociedad evoluciona a pasos agigantados. Por eso cada vez se están imponiendo más unas nuevas formas de movilidad muy llamativas y curiosas. El carsharing y el carpooling son dos de los grandes exponentes de nuevos usos del coche, entendido como herramienta de desplazamiento. Hace unos años, si necesitaba desplazarse a algún sitio y no disponía de coche propio tan sólo podía hacerlo alquilando uno o utilizando el transporte público. En este artículo veremos como eso ha cambiado.

Congestión de coches – Foto: http://www.tercerainformacion.es

Una de las mayores incomodidades de las ciudades modernas son los atascos. Hoy en día hay demasiados coches circulando por ellas, mientras que sus calles y carreteras mantienen la misma capacidad de absorción de vehículos que hace años, cuando el parque automovilístico era más pequeño. En paralelo a este fenómeno, es habitual ver en las retenciones que muchos de los coches que están parados suelen ir ocupados por una única persona. En algún momento dado, a alguien se le ocurrió que, si en un embotellamiento había cinco vehículos que se dirigían al mismo destino, si se pusiesen de acuerdo para viajar juntos eliminarían a cuatro de los cinco automóviles.

Los primeros casos de carpooling, que es como se denomina en inglés al viaje compartido entre varios individuos, se produjeron gracias a iniciativas privadas que surgieron de manera aislada. Solían ser profesores, médicos, obreros de la construcción,… En general, trabajadores cuyo puesto de trabajo se encuentra a varios kilómetros de distancia de su lugar de residencia. Si, por ejemplo, un grupo de profesores que dan clase en un colegio de un pueblo residen en la misma ciudad, lo lógico es que viajen todos juntos y así todos ahorran. Habitualmente cada semana lleva uno de ellos el coche para que el desgaste de cada vehículo sea lo más parejo posible.

Sin embargo, gracias a las comunidades y redes sociales, el carpooling da un paso más permitiendo que todos los interesados se apunten anunciando su disponibilidad de compartir un trayecto, junto con la necesidad de otros de hacerlo del mismo modo. Las comunidades virtuales lo que hacen es unir a la oferta con la demanda para que se puedan realizar estos desplazamientos entre desconocidos. Muchos lo han asimilado con un sistema institucionalizado de autoestop. Si el clásico autoestopista detenía a automóviles hasta que encontraba a alguno que se dirigía a su mismo destino y que quería llevarle, con el carpooling nos evitan el engorroso trámite de situarnos en la cuneta con el dedo pulgar levantado esperando a que alguien nos haga caso.

Aunque son términos que en ocasiones se confunden, el carsharing es un concepto diferente, que se centra más en alquilar un coche sólo durante el tiempo en que realmente lo vamos a necesitar. Imaginemos que nos hace falta un vehículo durante dos horas. Con los tradicionales servicios de rent-a-car no podríamos hacerlo debido a que no suelen arrendar el automóvil por períodos inferiores a un día completo. Además, este tipo de negocios necesitan de una planificación y no suele ser posible alquilar un coche sin reserva previa. Mediante este sistema tan sólo tendremos que pagar por el tiempo de uso y, gracias a sus redes de aparcamientos, generalmente nos van a ofrecer la oportunidad de recoger el vehículo cerca del lugar donde nos encontramos, pudiendo devolverlo en un punto cercano a donde nos dirigimos.

El carsharing está pensado sobretodo para conductores que no disponen de un automóvil, pero que necesitan esporádicamente de uno. Muchos reacios suelen decir entonces que para eso están los taxis. Algo muy razonable si el desplazamiento va a ser urbano, pero si el traslado lo tenemos que hacer entre dos ciudades, el precio se dispara.

Una tercera opción, que a mí me parece la más llamativa, sería la de las comunidades que agrupan a propietarios de coches que quieren rentabilizar el tiempo que lo tienen parado y los que quieren utilizar uno durante ese tiempo. Pensemos en el caso de alguien que sólo utiliza su vehículo los fines de semana, permaneciendo entre semana estacionado en el garaje, ¿no sería mejor poder sacar un dinerito durante el tiempo que está aparcado? Estas redes se encargan de difundir la disposición de los dueños junto con los tramos horarios en que no usan el automóvil, para encontrar a personas que necesitan alquilar un coche de esas características durante el tiempo en el que el titular no lo va a usar.

Este tipo de arrendamiento entre particulares me parece muy rentable ya que es barato para el que alquila y beneficioso para el propietario. Lo que no termino de ver es la disminución de emisiones contaminantes, ya que un coche parado contaminará menos que uno andando. Para rebatir esta opinión, hay muchos que dicen que la huella de carbono generada durante la fabricación es similar a todas las emisiones de CO2 expulsadas por el vehículo a lo largo de toda su vida útil. Con lo que si se producen menos unidades, el impacto medioambiental será más bajo. El argumento no me termina de convencer. Si alguien puede aportar más sobre este tema, que lo haga a través de los comentarios. Cualquier opinión será agradecida.

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