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Un error típico de muchos políticos es apostar por algo que tiene grandes probabilidades de no funcionar. Por eso creo que las consecuencias de la demagógica decisión de muchos países de impulsar con fuerza el vehículo eléctrico en detrimento de otras tecnologías van a ser imprevisibles. En esta línea, un ejemplo paradigmático sería el de Fisker Automotive que ha recibido del Departamento de Energía  de Estados Unidos 169,3 millones de dólares para fabricar una berlina (Fisker Karma) de autonomía extendida que vale cerca de 120.000 euros y que se fabrica en Finlandia.

Fisker Karma – Foto: http://es.autoblog.com

Si yo fuese americano, no me haría ninguna gracia que se malgastase el dinero de mis impuestos en financiar a una empresa de vehículos de lujo que encima no fabrica en Estados Unidos. Lo mismo han pensado varios senadores republicanos que han conseguido bloquear el resto de las ayudas otorgadas a Fisker. En concreto, el fabricante tiene otorgados un total de 529 millones de dólares. Lo que parecen olvidar estos políticos es que fue su propio partido el que autorizó un plan de ayudas por un montante de 25.000 millones de dólares, que fue aprobado en 2007 por la Administración Bush.

Algo similar también hizo el presidente Zapatero en España cuando presentó un espectacular plan de incentivos al vehículo eléctrico. Lo ambicioso de sus planes no dejaba lugar a dudas, pretendiendo subvencionar a un total de 70.000 unidades. El resultado final no se correspondió para nada con los objetivos fijados, ya que no convencieron ni siquiera a más de un millar de compradores.

Como he dicho en la entradilla, me parece que las apuestas por una determinada tecnología son un craso error. Pero es algo bastante más habitual de lo que parece y no sólo ha sucedido en España o Estados Unidos. Sin ir más lejos, China mantiene una postura oficial totalmente volcada con el coche eléctrico. Curioso que dos de los países que más contaminan depositen todas sus esperanzas en tecnologías que no terminan de despegar. Me parece que son brindis al sol completamente estériles.

Regresando al origen de estas reflexiones, lo que menos gusta del Karma a los fanáticos de los automóviles eléctricos –la autonomía extendida-, es en mi opinión lo mejor que tiene. Para el que no lo sepa, el gran problema de un motor eléctrico es la autonomía de su batería. Para evitar que un vehículo se quede tirado a las primeras de cambio, los modelos de autonomía extendida incorporan, junto con el propulsor eléctrico, uno de combustión interna que genera la electricidad necesaria para seguir circulando. Esto es lo que hace que muchos los consideren modelos híbridos, y no puramente eléctricos.

Henrik Fisker, fundador de Fisker Automotive – Foto: http://www.vehiculoselectricos.com

Ahora que Fisker carece de los fondos necesarios para continuar, se especula mucho sobre su desaparición. A los grandes retrasos que ha sufrido con el Karma, causados por problemas técnicos y financieros, se añade ahora una nueva paralización de su actividad por culpa del resto de subvención que ha retenido el gobierno americano. Parece ser que esta inyección económica se iba a destinar a la adaptación de una antigua factoría de General Motors que pensaba utilizar Fisker para la producción del sedán Nina, un modelo totalmente “Made in America” y que debería venderse a un precio más asequible (unos 60.000 euros).

Sin embargo el Departamento de Energía no ha tragado con la actitud de Fisker de dar prioridad al Karma utilizando un dinero que debía destinarse a inversiones en Estados Unidos. Algo así como si España diera una enorme subvención a un fabricante con la condición de que abra una planta en España que produzca un modelo eléctrico. Una vez que ha cobrado una parte importante de la ayuda, la empresa no cumple con su compromiso y se marcha a otro país a fabricar un coche completamente distinto. A los senadores republicanos que han pedido el bloqueo, poco les ha importado que Fisker haya prometido fabricar un segundo modelo cumpliendo con los imperativos establecidos en la convocatoria. Es muy poco creíble que al final los fondos se destinen al Nina cuando el Karma sigue teniendo grandes problemas para poder comercializarse. Ahora a Fisker tan sólo le queda obtener la financiación de inversores privados. Algo que suelen hacer el 99% de las empresas del mundo, pero que a Henrik Fisker, fundador de Karma Automotive y antiguo ejecutivo de Aston Martin y BMW, parece no gustarle.

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Un pensamiento en “Fisker, el coche eléctrico y los problemas para encontrar dinero

  1. Pingback: Las sospechosas subvenciones españolas al vehículo eléctrico | Wanderer75

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