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Todo el que lea con asiduidad este magazine sabrá que no me suelo prodigar en escribir sobre novedades y lanzamientos. Básicamente porque ya lo hacen el resto de blogs y medios en general. Unos mejor y otros peor, suelen explicar las características técnicas de todos los modelos que salen al mercado con profusión de fotos y de datos técnicos proporcionados por los prolijos dossieres de prensa que envían las marcas. Pero hoy voy a hacer una excepción y voy a centrarme en una novedad: el nuevo Maserati Quattroporte.
 
Maserati Quattroporte VI 2013 - Foto: www.motorpasion.com

Maserati Quattroporte VI 2013 – Foto: http://www.motorpasion.com

Llevo tiempo pensando en dedicarle un post a los coches italianos. Desde varios blogs me han animado a hacerlo, y lo tengo presente. El problema es que no me encuentro suficientemente inspirado, con lo que cada vez que me pongo a ello termino por abandonarme a la procrastinación absoluta. Y para glosar las virtudes y defectos de este tipo de modelos hay que estar convenientemente preparado: con buena disposición, abierto de mente, dispuesto a que un sinfín de fuegos de artificio, de explosiones estéticas, nos vayan golpeando como cuando se visita Florencia o se asiste a una ópera de Verdi.

Algo parecido sucede cuando nos aproximamos al delirio sensitivo que produce un Maserati. Y es que esta marca, junto con Ferrari, es la gran representante del superdeportivo italiano. Algo así como la versión automovilística del sofisticado ultra-chic italiano, a la altura de los zapatos de Prada o los trajes de Brioni.

No sé si este artículo va a concluir versando más sobre la industria italiana del lujo italiano o sobre el Maserati Quattroporte. Al menos estoy tratando de alejarme de lo convencional. Por eso voy a evitar hablar de sus versiones V8 de 530 CV y V6 de 410 CV. Tampoco les aburriré con datos de aceleración o aerodinámicos porque eso lo pueden encontrar en cualquier parte. No obstante, es conveniente destacar que el modelo de “cuatro puertas” es ahora más grande que en las versiones precedentes, más ligero y más seguro.

Si lo vemos por fuera, tal vez pase desapercibido a los que no saben nada del mundo de la automoción. Los legos en la materia, que no entienden nada de automóviles, pueden pensar que es un vehículo grande y bonito, pero que no destaca especialmente por nada. Si encima posteriormente añadimos que el más barato vale la friolera de 130.000 euros —los precios son los del modelo anterior, ya que no he localizado los de esta generación de 2013- habrá bastantes que se planteen que algo tendrá el agua cuando la bendicen. A pesar de eso, todavía quedará alguno que emita juicios de valor infundados acerca de que el coche no es para tanto, que parece corriente, no muy distinto de un BMW o un Audi. Y, por el contrario, el Maserati Quattroporte desde su origen se ha caracterizado por un espíritu contrapuesto al de las berlinas premium germanas. No sólo por su clásica calandra cóncava del tridente, el símbolo distintivo —junto con el cavallino rampante— de la deportividad más radical y salvaje; sino también por detalles como las tres pequeñas tomas de aire en las aletas delanteras, las ventanillas sin marco o el pilar C —el más trasero del habitáculo, el que soporta la ventanilla trasera— con una forzada forma triangular que mirada con detenimiento puede recordar a las oblicuas contorsiones del grupo escultórico del “Laocoonte y sus hijos” que se muestra en los Museos Vaticanos.

Si de expresar mi opinión se trata, y partiendo de la base de que el coche me parece fascinante, con ese estilo que sólo un diseñador de gran gusto podría imprimir, he de comentar aquí algo con lo que sé que no todo el mundo coincidirá conmigo: las nuevas ópticas, tanto las delanteras como las traseras, me dejan un poco indiferente. Sobretodo porque han perdido personalidad. No voy a entrar aquí en si son mejores o peores, ya que no es la intención de este artículo. Lo que quiero explicar es que mi percepción sobre ellas es descafeinada. Tengo la impresión de que el conjunto de iluminación lo acerca más a esas marcas premium del norte de Europa, con despliegue de LED, excesivamente alargados, que intentan dar una apariencia tecnológica que Maserati no necesita. Con esto no quiero decir que los faros —sobretodo los traseros— me disgusten. La sensación es de apatía, algo que creo que es todavía peor. La provocación de envidia o disgusto son reacciones que siempre están presentes en los deportivos italianos. Es algo con lo que ya cuentan y son conscientes de ello. De hecho, nunca han hecho nada por agradar a todo el mundo. Al contrario que sus competidores alemanes, que siempre tratan de alcanzar las mayores cuotas de mercado, Maserati o Ferrari saben cuál es su camino y pretenden andarlo le pese a quien le pese. Y al que no le guste, que no mire. Por eso creo que el gran pecado del frontal y la zaga de este modelo, a pesar de su poderosa apariencia deportiva, es que sus ópticas sean tan “normales”. Y más teniendo en cuenta que esas dos partes de un coche son las que más se ven, sobretodo de noche, cuando se encienden los faros y apenas se aprecia el diseño exterior de un automóvil.

A pesar de sus faros light, si por fuera el vehículo es más deportivo que cualquier otra berlina similar, por dentro gozaremos de una verdadera orgía de sensaciones. Un interior de madera y cuero, elegante y clásico, sin estridencias, aunque con ciertas concesiones a la modernidad más sofisticada, con ese toque meridional de vanguardismo sin estridencias, de osadía dentro de los cánones más tradicionales, como el sello que imprimen a sus trajes los míticos sastres napolitanos de la categoría de Attolini o Blasi. Me seduce el tacto suave y blando de sus asientos, nada que ver con la piel estirada y tensa de los tapizados teutones;  y el rugido de sus motores en marcha, vivaz como el ronroneo de un gato persa.

Al final, he terminado escribiendo de coches italianos. Pero les prometo que en un futuro redactaré un especial más completo sobre la automoción italiana que espero que sea del agrado de los lectores.

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4 pensamientos en “Maserati Quattroporte 2013

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