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Aunque pueda parecerlo, este no es uno de esos relatos que abundan en la sección de “Ficciones”. Aunque pueda parecerlo, esta no es una historia de ciencia ficción sobre un futuro post-apocalíptico. Tampoco es, aunque pueda parecerlo, una leyenda de una ciudad mítica desaparecida en mitad de la selva o bajo la lava de un volcán hace miles de años. Esta es la narración del ascenso y posteriormente hundimiento de Detroit, la Motown, la ciudad del motor, que creció cual gigante con pies de barro al albur de un capitalismo todopoderoso que se propagó sin control durante los años de prosperidad, y que no ha sabido reaccionar a la decadencia sobrevenida por una sucesión de crisis económicas que han ido machacándola hasta ponerla contra las cuerdas. La última noticia, la suspensión de pagos municipal, no deja de ser un síntoma más de ese declive que parece abocar a la desaparición de la ciudad.
Detroit, ciudad abandonada - Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

Detroit, ciudad abandonada – Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

En 1927, Fritz Lang soñó con un futuro distópico en el que una ciudad —Metrópolis— llena de rascacielos y autopistas aéreas se convertía en la encarnación del capitalismo más salvaje y deshumanizado. La urbe, una perfecta metáfora de la lucha de clases, estaba dividida en dos partes bien diferenciadas: arriba, en la parte exterior de la megalópolis, estaban los rascacielos en donde se solazaban los ricos; abajo, en la parte subterránea, malvivían y sufrían los obreros ajenos a todo lo que no fuese trabajar. Frente a esa interpretación marxista de la realidad, la guionista del film, Thea von Harbou -esposa de Fritz Lang-, se basó en la recién nacida ideología nacionalsocialista, para oponerse a ese movimiento de inspiración marxista creando para los protagonistas de la película una posibilidad de “redención” (algo sobre lo que Fritz Lang abominaría años después) basándose en las doctrinas de Hitler o Goebbels sobre relaciones laborales corporativistas que propugnaban la colaboración pacífica y algo aborregada de los obreros con sus empleadores, a la espera de que llegase el “mediador” (la similitud con la figura del führer o caudillo de inspiración fascista es bastante obvia) que uniría definitivamente a las dos partes enfrentadas de esa sociedad.

Unas tendencias filonazis muy similares, en lo que a cuestiones laborales y políticas se refiere, mostró siempre Henry Ford, el verdadero artífice de la expansión industrial de la ciudad de Detroit. Como si se hubiesen inspirado en la cinta de Fritz Lang, Ford y el resto de empresarios de la automoción americana hicieron desarrollarse a la localidad de un modo desmesurado. Si hacia finales del siglo XIX ya era un municipio fuertemente industrializado orientado al sector del transporte, fue esa bonanza la que impulsó a Henry Ford a iniciar la fabricación de su modelo T. Pero no fue el único, ya que otros pioneros como William C. Durant, los Hermanos Dodge o Walter Chrysler, se vieron atraídos a instalar sus factorías de automóviles en la ciudad.

El negocio era boyante y cada año crecía más, lo cual atraía a una enorme población de obreros que comenzaron a desplazarse hacia la capital a orillas del río Detroit. La automoción impulsó la economía americana durante años, pero también tuvo que afrontar varias situaciones complicadas como la Gran Depresión de los años treinta. Sin embargo, pudieron remontar bastante bien gracias a la Segunda Guerra Mundial. La demanda de material bélico impulsó a la industria de Detroit, que llegó a ser considerada como el “arsenal de la democracia”.

En esa época, siguiendo la impronta futurista de Metrópolis, se inauguró la primera autopista subterránea de Estados Unidos, la Davison Freeway. Quién sabe si, de haber existido mayor prosperidad, en el año 2026 la ciudad de Detroit habría tenido también la primera autovía aérea del mundo, al igual que en la película de Fritz Lang.

La posguerra generó cada vez una mayor demanda de vehículos, lo que provocaría que la automoción experimentase crecimientos imparables. Y en aquella época, con todos los grandes (Ford, General Motors y Chrysler) radicados en Detroit, la bonanza hizo crecer muchísimo a la localidad. El hito demográfico se registró en los años cincuenta: el municipio se convertía en el cuarto de Estados Unidos, con una población cercana a los dos millones de habitantes.

Vista del centro de Detroit- Foto: www.finanzas.com

Vista del centro de Detroit- Foto: http://www.finanzas.com

Los “maravillosos años” sesenta engrandecieron aún más si cabe a los ya de por sí titanes automovilísticos. Pero el coloso tenía los pies de barro y en los años setenta las sucesivas crisis económicas, unidas a las mejoras tecnológicas y al empuje de la industria automotriz exterior, hicieron que el ocaso empezase a oscurecer el brillo de la ciudad. El problema básico consistía en que el incremento experimentado hasta entonces se había convertido en su propio talón de Aquiles. Su excesiva dependencia de un único sector había transformado a la ciudad en un núcleo urbano que sufría excesivamente los vaivenes de los ciclos económicos, mostrando mayores vulnerabilidades que otras capitales más diversificadas.

Conozco bien este tipo de ciudades. Recuerdo que hace varios años visité la fábrica de Audi en Neckarsulm. La pequeña villa alemana vive exclusivamente de la fabricación de coches, ya que es el único negocio que emplea a los 30.000 habitantes de la localidad. Algo muy parecido a lo que se produce en la ciudad en la que vivo, cuya única industria importante es la fábrica de vehículos. Lo que a priori puede entenderse como una bendición, puede terminar convirtiéndose en una espada de Damocles que pende sobre el cuello de trabajadores, políticos y vecinos en general. Cuando una población vive volcada en un único negocio, el riesgo de esa dependencia es en muchas ocasiones excesivo e intolerable.

El caso de Detroit es más llamativo porque la idiosincrasia de la economía estadounidense ha hecho que la crisis económica de carácter crónico que sobrelleva el sector desde hace 30 años genere los índices de paro más elevados de Estados Unidos —se dice que cercano al 50%—, junto con una peligrosa despoblación que dota a la ciudad de un ambiente fantasmagórico y surrealista.

Vista del centro de Detroit desde un edificio abandonado - Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

Vista del centro de Detroit desde un edificio abandonado – Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

Pero el problema no es solo debido a la coyuntura del sector. O, mejor dicho, el sector ha generado una serie de problemas sociopolíticos difíciles de abordar y reparar. Si ya en la década de los cuarenta los conflictos laborales fueron muy destacados, en los sesenta la ciudad vio cómo la población negra —una de las más numerosas de América— provocaba disturbios muy agresivos. Según explica Sergio Piccione en un análisis para El Mundo, aquello generó el rechazo de la clase media a vivir en el centro de la urbe. Optaron por refugiarse en urbanizaciones alejadas del downtown cada vez más violento y peligroso. Fue entonces cuando zonas como Birmingham, Bloomfield Hills o Rochester Ann Arbor empezaron a recibir en tropel a los antiguos moradores del centro. Y la crisis del petróleo terminó de barrer del panorama ciudadano a los pocos habitantes que aún aguantaban. Fue entonces cuando el centro de Detroit se quedó tan solo como sede de oficinas y negocios, mientras los centros comerciales cerraban y se trasladaban a los malls de las afueras.

Fabrica abandonada en Detroit - Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

Fabrica abandonada en Detroit – Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

Desde entonces hasta ahora, se han perdido cerca de 100.000 puestos de trabajo. Sin embargo, la crisis demográfica es mucho mayor ya que de 2.000.000 de habitantes, se ha pasado a los actuales 700.000. Con el problema añadido —muy parecido a lo que ocurre en donde yo resido— de que casi todos los que permanecen son jubilados y pensionistas. La gente joven, al carecer de oportunidades laborales, emigra fuera de la ciudad, que cada vez presenta un aspecto más espectral.

Casa abandonada en Detroit - Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

Casa abandonada en Detroit – Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

Asimismo, la crisis subprime ha causado un efecto muy típico americano de desolación y ruina. Muchos de los que no pudieron pagar sus hipotecas realizaron una dación de sus inmuebles para liquidar la deuda y se marcharon. Son centenares los inmuebles que han quedado abandonados desde entonces. Otros han optado por quemar sus casas de madera, lo que ha provocado que los solares y descampados cada vez abunden más entre las manzanas de rascacielos, algunos de ellos también carentes de actividad. La delincuencia, una de las más altas del país, es la causa de que la urbe se haya vuelto incómoda e insegura. Y los que tienen que pagar impuestos, cada vez son menos. Por ello los ingresos del ayuntamiento han bajado tanto que al alcalde no le ha quedado más remedio que declarar la bancarrota.

Oficina abandonada en Detroit - Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

Oficina abandonada en Detroit – Foto: http://comerviajaramar.wordpress.com

Ante todo lo expuesto en los párrafos anteriores, no puedo evitar reflexionar sobre lo llamativo de la actitud de las autoridades americanas. Pese a que la colaboración y ayuda prestada a las multinacionales del sector de la automoción, que disfrutaron de una enorme cantidad de ayudas estatales, fue muy destacada; el gobierno de Barack Obama ha denegado el apoyo financiero a las autoridades municipales. Y eso da mucho que pensar. Así que a todos los que viven en ciudades volcadas en un único sector productivo les digo que cuando vean las barbas de su vecino pelar, pongan las suyas a remojar.

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5 pensamientos en “La decadencia de Detroit, la ciudad del motor

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Muy buena entrada,
    es algo increible ¿verdad,?, un escenario casi de pelicula apocaliptica.
    Oi que ahora era el paraiso de los homlessque pasaban a ser okupas de viviendas y tambien los grafitteros campan a sus anchas.
    Un saludo.

    • Muchas gracias, Xavi. Detroit creció bestialmente, de un modo verdaderamente explosivo, y por eso la caída está siendo tan fuerte. Pero debemos tomar nota todos de su ejemplo, ya que, como digo en el post, en Europa tenemos varias ciudades que viven exclusivamente de un solo negocio. He puesto el ejemplo de Neckarsulm, pero en esa ciudad alemana tienen la tabla de salvación de estar muy cerca de Stuttgart. Sin embargo, el ejemplo no hay que circunscribirlo solo a las zonas que viven de la fabricación de automóviles, ya que lo mismo puede suceder en cualquier en área industrial que se dedica a un solo negocio (me vienen a la memoria pueblos de Castilla la Mancha o de Andalucía que se dedicaban exclusivamente a la fabricación de puertas para la construcción y ahora están sufriendo elevados índices de paro). Claro que para el alcalde de un pueblo o de una ciudad pequeña (o para el presidente de una diputación provincial o de una comunidad autónoma) es mucho más cómodo que una gran empresa se instale en su zona y que de muchos puestos de trabajo, en lugar de sentar las bases para que la economía local funcione y se puedan crear una gran variedad de negocios de diversos tipos.
      Por otra parte, ayer me dí cuenta de que la serie Shameless se desarrolla también en Detroit. Solo hace falta ver cómo vive todo el mundo para darse cuenta de cómo tiene que estar la ciudad. Ya no solo por la dependencia de las ayudas sociales o por los infraempleos, ya que parece que todo el mundo es alcohólico o vagabundo. Aunque también conozco el caso de un pueblo que vivía exclusivamente de la minería y cuando se acabó el carbón el abandono del pueblo fue masivo. Ahora solo quedan allí los jubilados de la mina, y cuatro funcionarios municipales. Y no te puedes ni imaginar el nivel de alcoholismo y de adicción a todo tipo de drogas que hay. Y también, en ocasiones, te puedes encontrar estampas fantasmagóricas.
      En fin, esperemos que la cosa se mejore. Pero para ello hacen falta buenos políticos con altura de miras, con capacidad de gestión y pocas servidumbres. Y creo que de esos, tanto en Estados Unidos como en Europa, hay pocos.

  3. Muy triste. Otro ejemplo más de que este mundo solo mira hacía el futuro sin importar el pasado y su enorme valor. Parece ser que se olvida con facilidad que solo podemos comprender quienes somos conociendo de donde venimos.
    Un saludo Ricardo, y enhorabuena por el artículo. Genial, como siempre.

    • Así es, Álvaro Hurtado. La historia es clave para que no se repitan los errores del pasado. Sin embargo, lo que quieren los que los cometieron es que se olviden y que pasen a un segundo plano. Muchas gracias por tus felicitaciones.

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