Los coches del Museo de Artes y Oficios de París, descritos por Umberto Eco

Gracias a las precisas descripciones realizadas por Umberto Eco en su novela “El péndulo de Foucault”, podemos recorrer literaria y virtualmente las estancias dedicadas a la automoción en el Musée des Arts et Métiers de París. Como siempre, en Wanderer75.
Entrada al Museo de Artes y Oficios de París - Foto: www.abretelibro.com
Entrada al Museo de Artes y Oficios de París – Foto: http://www.abretelibro.com

Cuando la gente se pregunta acerca de cuál es el motivo por el que España no es una potencia industrial, quizás deberían remontarse a finales del siglo XVIII. Por aquel tiempo, España no era más que un antiguo imperio colonial, totalmente en decadencia, que vivía un pasmoso estado de descomposición interna. Junto con los problemas políticos (malos gobernantes, pésimos reyes, guerras,…), sus desequilibrios económicos estaban hundiendo la productividad y el comercio exterior, en gran parte debido al mayoritario porcentaje de la población que prefería morirse de hambre a trabajar con sus propias manos, ya que eso era cosa de pobres y judíos. Entretanto, naciones como Francia o Inglaterra comenzaban a desarrollar una incipiente industria basada en los nuevos avances de la ciencia y la tecnología. En 1795 se fundó en París el Musée des Arts et Métiers (Museo de Artes y Oficios), en el interior de la iglesia abacial de Saint-Martin-des-Champs.

Se podría decir que el museo, que forma parte del Conservatoire des Arts et Métiers, tras dejar de ser un templo de carácter religioso, pasó a ser un santuario de culto a la ciencia y la tecnología, pensado para mostrar “el empleo de las herramientas y las máquinas útiles para las artes y oficios”. Un marco perfecto para honrar a los grandes ingenios mecánicos de la modernidad, entre los que se encuentran los automóviles.

Así le pareció también a Umberto Eco, quien eligió ese entorno para iniciar allí su novela “El péndulo de Foucault”, más que nada porque el artefacto original creado por el físico francés Léon Foucault se expone allí. Veamos cómo lo describe el novelista italiano:

“Los nombres de los automóviles expuestos a mi alrededor despertaban agradables nostalgias… Hispano Suiza 1932, bello y acogedor. No me servía (el protagonista pretende esconderse en el museo para pasara allí la noche) porque estaba demasiado cerca de la caja, pero habría podido engañar al empleado si me hubiese presentado con knickerbockers, cediendo el paso a una dama de traje color crema, larga bufanda en torno al largo cuello, sombrerito de campana acomodado sobre el pelo à la garçon. El Citröen C64 de 1931 solo se exhibía en sección vertical, excelente modelo escolar, pero ridículo escondite. Ni que hablar de la máquina de vapor de Cugnot, enorme, toda ella caldera o marmita. Había que examinar el lado derecho, donde se alineaban junto a la pared los velocípedos de grandes ruedas art nouveau, las draisiennes de barra plana, como un patinete, evocación de caballeros con chistera que corretean por el Bois de Boulogne, abanderados del progreso.

Abadía de Saint-Martin-des-Champs - Foto: http://es.parisinfo.com
Abadía de Saint-Martin-des-Champs – Foto: http://es.parisinfo.com

Frente a los velocípedos, buenas carrocerías, apetecibles refugios. Quizá no el Panhard Dynavia de 1945, demasiado transparente y angosto en su diseño aerodinámico, muy interesante, en cambio, el alto Peugeot 1909, una buhardilla, una alcoba. Una vez dentro, sumergido en los asientos de piel, nadie hubiese sospechado que estaba allí. Pero era difícil subir a él, porque justo enfrente estaba uno de los guardianes, sentado en un banco, de espaldas a las bicicletas. Montar en el estribo, un poco torpe debido al abrigo con vueltas de piel, mientras él, con polainas, la gorra bajo el brazo, me abre respetuosamente la portezuela…

Me concentré un momento en el Obéissante, 1873, primer vehículo francés de tracción mecánica, para doce pasajeros. Si el Peugeot era un apartamento, éste era un palacio. Pero ni pensar en la posibilidad de subir a él sin atraer la atención de todos. Qué difícil es esconderse cuando los escondites son cuadros de una exposición.”

 

Hispano Suiza 1932 en el Museo de Artes y Oficios de París - Foto: www.flickr.com
Hispano Suiza 1932 en el Museo de Artes y Oficios de París – Foto: http://www.flickr.com

Parece que al protagonista empieza a entrarle miedo de ocultarse en uno de esos coches de exposición y se dice a sí mismo que esa noche podría convertirse en una pesadilla:

“… ahora que la luz mermaba y penetraba acuosa por las vidrieras grises, se reavivaba mi temor a esconderme entre aquellos animales que luego reencontraría en la oscuridad, a la luz de mi linterna, renacidos en las tinieblas, jadeantes, con sus densos hálitos telúricos, con huesos y vísceras despellejados, rechinantes y hediondos de babas aceitosas. En medio de aquella colección, que empezaba a sentir inmunda, de genitales Diesel, vaginas de turbina, gargantas inorgánicas que en su día eructaran, y quizá aquella misma noche volvieran a eructar, llamas, vapores, silbidos, o zumbaran indolentemente como escarabajos, crepitaran como cigarras, en medio de aquellas manifestaciones esqueléticas de una pura funcionalidad abstracta, autómatas capaces de aplastar, segar, desplazar, romper, rebanar, acelerar, golpear, deglutir a explosión, hipar en cilindros, desarticularse como siniestras marionetas, hacer girar tambores, convertir frecuencias, transformar energías, impulsar volantes, ¿cómo podría sobrevivir? Se lanzarían contra mí instigadas por los Señores del Mundo, que las habían promovido para poner en evidencia el error de la creación, dispositivos inútiles, ídolos de los amos del universo inferior.”

 

Estación de metro de Arts et Metiers de París - Foto: Wikipedia
Estación de metro de Arts et Metiers de París – Foto: Wikipedia

Si viajan a París, una buena forma de acudir al museo puede ser en metro, así podrán disfrutar de la curiosa estación de Arts et Métiers (línea 11), decorada imitando el interior de un submarino recubierto de placas de cobre. Y los ojos de buey que recorren las paredes se utilizan como vitrinas con representaciones del satélite Telstar, de una rueda hidráulica, del puente Antoinette o de una esfera armilar. Una buena oportunidad para visitar un lugar fuera de los circuitos habituales del París más turístico.

Les dejo con un vídeo para que puedan hacerse una idea sobre lo que podrán encontrar si deciden acercarse por allí.

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2 comentarios sobre “Los coches del Museo de Artes y Oficios de París, descritos por Umberto Eco

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