Esperando al rey, una novela histórica centrada en las personas

Una historia medieval puede terminar pareciendo un culebrón de corte épico si la trama se desarrolla en una tierra fantástica, y se muestran múltiples combates a espada, abundancia de desnudos femeninos y escenas de sexo, enanos, dragones y malos malísimos. No obstante, también podría convertirse en un producto minoritario netamente histórico, generalmente pesado y aburrido, casi orientado a los eruditos más selectos, si abundan los análisis demográficos, las causas socioeconómicas y las sesudas interpretaciones hegelianas o directamente marxistas. Sin embargo, entre uno y otro tipo, se encuentra la obra que hoy quiero reseñar.

aguilar de campooEn un pueblo del norte, allí donde la Cordillera Cantábrica se cubre durante demasiado tiempo de nieve, en un entorno idílico, acurrucado por la dulce fragancia de miles de galletas recién hechas, había un monasterio abandonado, olvidado por casi todo el mundo. Un convento semiderruido, tapizado de musgo y hojarasca, apenas visitado por cuatro expertos que se internaban entre aquella escombrera con respeto reverencial y distancia científica.

Entre aquellos sillares desperdigados por el claustro, o por la iglesia cuya cubierta hacía más de cien años que se había venido abajo, yacían los huesos desmembrados de muchos de los caballeros medievales que habían elegido la tranquilidad de aquel cenobio para descansar eternamente. Una de esas tumbas destripadas despertaba la curiosidad de un niño que a diario se colaba en aquel recinto, fantaseando con cómo habría sido aquel lugar en otros tiempos de mayor esplendor. Y es que en el interior de aquella sepultura —que después de ocho siglos había quedado expuesta a la intemperie—, tan solo quedaban algunos huesos blancos y una calavera enjuta, que con expresión cansada y ausente parecía escudriñar el cielo desde sus cuencas vacías.

Años después el niño convertido en adulto leería los versos de Miguel Hernández “donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futuro a su mirada” y recordaría la presencia de aquellos restos, apenas resguardados del frío por las pocos fragmentos de bóveda que todavía quedaban en pie. Porque, cuando el muchacho que a diario se adentraba en aquel monasterio supo que ese cráneo olvidado por todos era el de Nuño Pérez de Lara, su mente comenzó a pergeñar una historia protagonizada por aquel poderoso caballero que ostentó la regencia del reino de Castilla durante la minoría de edad de Alfonso VIII.

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Iglesia de Santiago en Carrión de los Condes

Podría decirse que en cada visita, el joven —que una vez que dejó atrás la infancia marcharía a estudiar a Madrid, alejándose temporalmente de las ruinas que cada vez le obsesionaban más— se comunicaba con los antiguos moradores de aquellas estancias, intentando transcribir las historias que le contaban. Como si sus vidas se hubiesen quedado grabadas en esas piedras, comenzó a poner orden en aquellos relatos de canteros y princesas, de reyes adolescentes y de hermosas judías capaces de hacer enloquecer a un joven e inmaduro monarca.

Una novela sobre el románico

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Portada de la novela Esperando al rey

Estamos ante una historia con el arte románico como protagonista, que transcurre en la tierra con mayor concentración de este tipo de arte del mundo. Porque, evidentemente, el muchacho enamorado de aquel monasterio creció y llegó a ser todo un referente cultural en su tierra y fuera de ella. El niño se ha convertido en arquitecto. Ahora tiene 73 años y atiende al pseudónimo de Peridis.

José María Pérez, Peridis, ha escrito una novela de madurez, que lleva toda su vida aleteando en los más recónditos lugares de su imaginación. Y ahora a los 73 años ha decidido plasmar sobre el papel esta historia que palpitaba en su subconsciente desde hace muchos años, con la intención de recrear una época apasionante del pasado de Castilla. La novela se titula Esperando al rey y ha ganado el premio Alfonso X el Sabio de Novela Histórica 2014.

El monasterio de Santa María la Real

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Claustro del Monasterio de Santa María la Real

El gran proyecto vital de Peridis, junto con su obra como arquitecto y la creación gráfica como humorista en el periódico El País, es la Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campoo. Y el convento que tanto le ha marcado es el de Santa María la Real. Un monasterio que nada tiene que ver con el que Peridis conoció en su infancia, cuando llegó a la villa galletera del norte de Palencia. Ese cenobio que estaba en completo estado de abandono ahora es un monumento reconstruido con esmero e inteligencia, gracias a la dirección facultativa del propio Peridis.

Una novela de personajes

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Alfonso VIII

En este año 2014, en el que se cumplen 800 años del fallecimiento del rey Alfonso VIII, entre otras muchas lecturas recomendables destaca por su notable interés esta novela de Esperando al rey. Porque uno de los grandes protagonistas que emergen en este relato es el joven rey Alfonso VIII.

Sin embargo, esta no es una novela que se limita a narrar un puñado de acontecimientos históricos, ya que el lector se aproxima a los mismos a través de las vidas de sus protagonistas. Por eso nos encontramos con personajes tan cautivadores como los canteros que tallaron el apostolado y pantocrátor (cuyo Cristo en Majestad se asemeja físicamente al conde Nuño Pérez de Lara, según especula Peridis) de la Iglesia de Santiago de Carrión de los Condes, o el claustro del Convento de San Zoilo. Pero no solo eso, ya que también aparece como secundario de lujo el maestro Mateo, que creó el mítico Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela.

Pero entre toda la galería humana que retrata Peridis, llama especialmente la atención el personaje femenino de Teresa Fernández de Traba, la esposa de Nuño Pérez de Lara, que terminaría casándose con el rey Fernando II de León tras enviudar del magnate. Una dama de fuerte carácter, cuya personalidad es trazada por el autor con delicadeza y pasión, erigiéndose en todo momento como la verdadera protagonista de esta historia de castillos sin dragones, pero llena de malvados caballeros (movidos casi siempre por la ambición y la perfidia).


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