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Tras visionar la película Rush, quiero reflexionar sobre la Fórmula Uno. En concreto, sobre los pilotos.

 

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rush-f1-cartel – Foto: http://www.excelenciasdelmotor.com/

Tengo por costumbre no escribir sobre Fórmula Uno. En general, trato de ser fiel a esa norma que me he autoimpuesto para no herir las sensibilidades de muchos lectores y amigos que disfrutan con las carreras. Pero hoy me voy a saltar esa norma. Porque a raíz de visionar la película Rush tengo ganas de reflexionar sobre la competición por excelencia. Pese a que ahora me resulta soporífera, hace años los Grandes Premios me parecían interesantes. No recuerdo si por aquel entonces se retransmitían las carreras, pero sí que estaba al tanto de los resultados y de las mejores imágenes. Fundamentalmente porque cuando era un crío estaba obsesionado con el Scalextric y las grandes carreras me servían de inspiración.

De esa época eran pilotos como Nigel Mansell, Alain Prost o Nelson Piquet, que despuntaban por encima del resto de los mortales con sus bólidos multicolores. Aunque las contiendas ya comenzaban a ser más sosas que las legendarias carreras de los setenta. Recuerdo que mi padre me hablaba de mitos como Jackie Stewart, Niki Lauda o James Hunt. Las historias que me narraba mientras jugaba con él al Scalextric trataban de héroes que gobernaban máquinas veloces arriesgando sus vidas. Años después leería la Iliada y me acordaría de aquellos hombres que parecían dioses, aunque luego se mostraban frágiles en su humanidad.

Como en el enfrentamiento entre Hector y Aquiles junto a las murallas de Troya, en la película Rush podemos ver a James Hunt eternamente enemistado con Niki Lauda. Y como en las grandes contiendas, el odio termina convirtiéndose en admiración mutua. Pero las figuras de ambos se nos muestran contrapuestas: mientras el inglés aparece como un bont vivant dispuesto a saltar de colchón en colchón, de copa en copa, hasta la destrucción total; Niki Lauda se presenta como un hombre gris, cuadriculado, obsesionado con la victoria. Podría decirse que nos encontramos ante el momento de transición, un punto de inflexión en el que la Fórmula Uno comenzó a cambiar sin que nadie fuese verdaderamente consciente de lo que estaba ocurriendo.

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rush-f1-james-hunt – Foto: http://www.motor.es/

Al igual que Hunt, antiguamente muchos pilotos eran playboys consumados, señoritos calaveras, vividores que degustaban la vida a grandes tragos ya que podían perderla en el asfalto o contra un quitamiedos en cualquier momento. Pero hoy en día son seres élficos, casi evanescentes, aislados del resto de los mortales por sus representantes, competidores fríos y sosos que son elevados al Olimpo gracias a la prensa y a la publicidad. A grandes rasgos, son hombres-anuncio que solo valen lo que son capaces de vender. Poco más que aburridos personajes emparejados con chicas asépticamente perfectas, que aparentemente son tan soporíferas y plastificadas como ellos.

¿Qué ha sido de aquellos gentleman drivers de antaño, tan encantadores y divertidos como buenos pilotos? Tengo la impresión de que se extinguieron poco después de que Niki Lauda se abrasase en Nürburgring, y James Hunt ganara su único campeonato del mundo. Y a partir de entonces, se terminó el espectáculo. Los corredores eran admirados por los fans y deseados por las mujeres, en gran parte por esa aura que solo adorna a aquellos que habitualmente bailan cara a cara con la muerte. En la propia película de Rush, una de las bellas conquistas de James Hunt lo afirma sin ambages: “no hay nada más tonto que dar vueltas montado en un coche alrededor de un circuito”. Por eso creo que el secreto de estos corredores de F1 residía, como en el caso de los toreros o de los gladiadores, en que eran ídolos de mucha gente simplemente porque en cualquier momento podían perder la vida (en un año morían varios de ellos).

En esta sociedad hiperconectada, las máquinas lo controlan todo. Los ordenadores son capaces de calcular los riesgos y de invertir en el mercado bursátil sin la intervención humana. La tecnología, junto con las normas de seguridad, han descafeinado completamente la Fórmula Uno. Ahora, en la línea del pobre Niki Lauda, la competición se ha vuelto más aburrida, más pesada, más mercantilizada que nunca. En definitiva: más coñazo. Tan coñazo como pasar un fin de semana atrapado con mujer e hijos en el laberinto de un Ikea o en cualquier otro centro comercial.

No quiero que se me malinterprete. No estoy a favor de que mueran pilotos sacrificados por y para el espectáculo. Pero el riesgo es algo inherente a determinadas profesiones. Y si se elimina ese riesgo, se pierde la esencia. Gracias a Dios, ahora casi nunca se producen accidentes mortales en la pista. Por eso mismo, los salarios de los pilotos deberían haberse rebajado a unas cifras más acordes con la siniestralidad actual. Sin embargo es sorprendente comparar el salario que cobraba Jacky Stewart en 1968 o Niki Lauda en 1977 con el de Fernando Alonso en 2013.

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Imágenes tomadas en Internet de los sitios web http://www.f1fanatic.co.uk/ http://www.excelenciasdelmotor.com/ y http://www.motor.es/  Si las imágenes están sujetas a derechos de autor y considera que deben ser retiradas, póngase en contacto con Wanderer75.

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11 pensamientos en “Rush o el tiempo de los pilotos “bon vivant”

  1. Hola Ricardo,

    ¿que tal la peli?
    Yo aun no la he visto por varias razones, tengo muchos reparos y miedo a que me decepcione, pues Hunt es uno de mis idolos ( ya publiqué varios articulos sobre su figura).
    ¡ pero en fin imagino que un dia haré de tripas corazon y la alquilaré en Video.!
    Como dijo Jackie Stewart, “antes las careras eran peligrosas y el sexo seguro”, hoy en dia es al reves.
    Un abrazo.

    • La película me resultó entretenida. Y las carreras están muy bien rodadas, con escenas muy espectaculares, en muchas ocasiones con planos subjetivos (sobre todo cuando hay un accidente) como si estuviésemos dentro de un monoplaza y tuviésemos que esquivar nosotros mismos el coche accidentado.

  2. Yo tampoco he visto la película, aunque ya la he añadido a mi “Torre de Pissa de cosas pendientes”.
    En cuanto a tu reflexión, nada más leerla me he acordado de esa frase del poeta romano Juvenal; “dale al pueblo pan y circo y será feliz”. Y siguiendo con la comparación, los pilotos de Fórmula 1 y los gladiadores tienen mucho en común, porque los gladiadores, los auténticos gladiadores, aquellos que hacían de esto su oficio, no se dejaban la vida en la arena del circo, sino que bajo sus armaduras llevaban bolsas de piel llenas de sangre animal que estallaban cuando las espadas chocaban contra sus armaduras (eran los Hulk Hogan de la época), y como los pilotos también corrían sus riesgos y vivían a cuerpo de rey. Así que creo que aunque hayan pasado siglos, hay cosas en las que no hemos cambiado mucho.
    Esperemos que la Fórmula 1 siga avanzando y encuentre esa comunión perfecta entre espectáculo y seguridad que todos deseamos, porque a mí lo del Ikea con la mujer y el niño ya esta me va pareciendo más atractivo, je, je, je.
    Un abrazo.

    • Supongo que habrás visto la película The Wrestler. En ella Mickey Rourke es un luchador que podría estar basado en Hulk Hogan. Aunque se arrean de mentira, y no es más que una coreografía, algunos cortes y golpes sí que son de verdad. Una película muy recomendable también, Álvaro.

  3. Muy interesante el articulo Ricardo. Añadiría que al a F1, y al mundo del motor en general, le falta la personalidad de antaño. Es curioso como en los sesenta/setenta el mercado del automóvil español estaba practicamente limitado al “sota, caballo y rey” pero los pocos modelos que se ofertaban eran muy diferentes entres si: Mini, 2cv, SEAT 600, R8, GS, Dodge Dart… Poco a poco todo se ha ido estandarizando. ¿Qué diferencias tienen un Ibiza, un Polo, un Punto y Clio? Solamente matices. En el mundo de la competición pasa lo mismo. Ya no estan ni (Enzo) Ferrari con sus V12 ni Sir Colin Chapman dando el si a ideas descabelladas, ni los Tyrell de seis ruedas ni nada por el estilo. Ahora todo es más aséptico, más perfecto (los coches no parecen estropearse), más negocio. Creo que el punto de inflexión es el encumbramiento de Bernie Ecclestone. Dicen las malas lenguas que hizo lo posible por cargarse tanto el mundial de resistencia como los Gr.B de rallies para que no le hiciesen sombra a su negocio. Por cierto, la pelicula la vi en el cine y me encantó. Si Lauda es así realmente (que lo es) es para felicitar a todo el que lo soporta.

    • No lo había pensado desde ese punto de vista, Sergio. Tienes mucha razón: ahora hay mucha variedad de modelos pero todos son superparecidos. En muchas ocasiones, cuando veo un coche de refilón, me cuesta distinguir la marca a un primer golpe de vista. Me pasa sobre todo con los SUV, cuyas líneas son tan parecidas entre las distintas marcas que hay modelos prácticamente iguales de distintas marcas. Por no hablar del Porsche Cayenne y el Volkswagen Touareg, que son prácticamente el mismo coche con distinto emblema.
      También estoy de acuerdo contigo en que Bernie Ecclestone es uno de los causantes de la aburrida F1 actual. En general, en las competiciones deportivas no me gustan los caudillismos de determinados próceres que se creen los guardianes de las esencias y lo único que hacen es exprimir toda lo que puedan la ubre hasta que esta se seque. Y cuando eso ocurra, salir disparados y si te he visto no me acuerdo. Gente como Bernie Ecclestone, la familia Samaranch (parecen miembros del COI por derecho divino), Michele Platini, José María Odriozola o Joseph Blatter.

      • ..y no son solo iguales de linea o forma. cuatro cilindros en linea, motor transversal, cilindradas calcadas… Nadie se atreve a innovar. Lo de los SUV es de traca.

      • Es verdad que los fabricantes son muy cuadriculados y que para ellos es mucho más cómodo ofrecer lo mismo que el resto. Deben pensar que lo que funciona para otros, tiene que funcionar para ellos también.
        No obstante, también habría que analizar a los clientes, que cada vez demandan una gama más amplia de cosas parecidas, prácticamente idénticas. En el fondo están encantados de que haya veinte marcas ofreciéndoles el mismo modelo, sin apenas matices diferenciadores. De ese modo, la decisión se simplifica y se dirige hacia el precio más bajo. Cuando cada fabricante ofrece un producto marcadamente diferenciado, el comprador debe analizar características técnicas y valorar muchos elementos sin conocimientos suficientes (por eso la labor de los vendedores es muy importantes a la hora de asesorar y de hacer ver a los clientes las diferencias entre una oferta y otra). Pero cuando los fabricantes claudican y se limitan a fabricar lo que saben que funciona, sin arriesgar lo más mínimo, entonces el cliente consigue simplificar mucho su oferta, logrando además con la gran competencia que los precios bajen (dificultando y dejando sin sentido la labor de los vendedores, que se limitan a subastar los precios).

      • Entre mi padre y mi hermano actualmente hay en casa 7 Citroën. En total han pasado por la familia 12 modelos diferentes (en distintas versiones) desde un 2cv de 425cc. hasta un SM de inyección pasando por c-15, saxo, GS, CX, Dyane 6…. Y todos nos han dado multitud de alegrías (el SM alguna pena como es obvio). Hemos podido comprobar como se ha estandarizado (peugeotizado para ser más precisos) hasta hacerlos completamente insulsos y anodinos. Las virtudes de un 2cv o un GS no eran casuales. Había mucha tecnología y mucha “personalidad”. Realmente conducir no de esos coches no tenía paralelismo en ninguna otra marca (aunque renault copiase a Citroën sistemáticamente). Obviamente eso tiene un precio. Eran más caros que la competencia y menos sencillos de mantener (entiendasemé el llevar a cabo el mantenimiento). Pero eran “coches de su dueño”. Mi Saxo (DEP) era un coche correcto con un volante peculiar y poca cosa más, eso si, barato en el amplio sentido de la palabra. Fijaté en que Toyota va de guay con la estupidez esa del Prius. Si preguntas a tus conocidos seguro que después de comer ven los reportajes de la 2 y no ven para-nada-del-mundo Salvamé (aunque ya no den reportajes en la 2). Hay que innovar y atreverse a crear coches realmente nuevos.

  4. Pingback: De bólidos y hombres, el camino sembrado de lápidas y charcos de aceite | Wanderer75

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