El coche oficial: la lujosa pasión de un político.

La atracción que siente cualquier político hacia un coche oficial es digna de estudio. El Audi A8 se ha convertido en uno de los símbolos más evidentes del poder. Casi todos los militantes de un partido, si tienen alguna aspiración, es la de tener un cargo que les otorgue el derecho a disfrutar de un vehículo oficial. Y a poder ser, también de vuelo en Mystere o Falcon del Ejército. Gracias a Dios, las cosas empiezan a cambiar en esto del despilfarro público.
Ruiz Gallardón subiéndose a un Audi A8 – Foto: http://www.coches.net

Me considero un privilegiado en cuestión de coches. Gracias a mi trabajo he podido probar casi todos los automóviles premium que tanto gustan a los VIP: Mercedes Clase S, BMW Serie 7 y Audi A8. En España estos tres modelos son el top three de los poderosos. Vehículos que producen sensaciones espectaculares de conducción, diseñados para que ser llevado, con un chófer al volante y ocupando tú el confortable asiento trasero equipado con todo tipo de lujos y comodidades: masajes, cuero, ventilación, música, televisión, reposabrazos ergonómicos, almohadones, reposapiés,…

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Entre estos modelos, el que aglutina el únanime consenso de los políticos es el Audi A8. Pero en esto también hay distintos estatus en función del cargo: lo máximo es que sea blindado, de batalla larga y con el motor W12. La gran diferencia entre este A8 Security y sus competidores directos es que Audi es el único fabricante que construye el coche ya blindado, al contrario que otras muchas marcas que se sirven de empresas auxiliares para el blindaje de una unidad de producción normal. Un Audi A8 Security tiene un nivel de protección antiterrorista que soportaría disparos, ametrallamientos, la colocación de bombas lapa, el lanzamiento de granadas de mano y proyectiles de núcleo duro de hasta 7,62 mm, así como la explosión de minas. Casi nada.

En 2007 tuve la oportunidad de subirme a una de esas máquinas. Aunque no me quisieron explicar a quien estaba destinado, me insinuaron que el vehículo era para la Presidencia del Gobierno. Con un valor cercano a los 400.000 euros, varias llamaron especialmente mi atención. Cosas como el peso de las puertas, que requerían de la ayuda de un guardaespaldas acostumbrado para poder ser abiertas por completo. O el propio sistema de extinción de incendios para los bajos del vehículo; o los neumáticos PAX que permiten continuar circulando incluso pinchados; o el mecanismo pirotécnico para apertura de puertas en caso de vuelco. A todo esto hay que añadir que esta enorme berlina debe ser pilotada por conductores formados por Audi mediante un curso de conducción evasiva.

El gran espaldarazo para que los políticos españoles se volviesen unos fanáticos obsesivos de los Audi blindados fue el atentado que sufrió José María Aznar en 1993. Gracias al excepcional blindaje de su Audi, los 40 kilos de amosal colocados por la banda terrorista ETA al paso de su coche tan sólo consiguieron herir levemente al entonces candidato por el Partido Popular a la Presidencia del Gobierno.

Desde entonces, el Audi A8 es el modelo más codiciado por los políticos, financieros y todo aquel que teme por su seguridad. No obstante, como he dicho más arriba, no es el único modelo en el mercado. Si los miembros más preeminentes de la administración central, autonómica y local viajan en Audi, Mercedes o BMW, los escalafones de segundo nivel tienen que acostumbrarse ha desplazarse en marcas como Volvo, Lancia o Peugeot. Un caso especialmente curioso es el de Galicia, en donde el presidente ha sustituido su Audi por un Citröen de gama alta. Y es que en esto de apoyar a la industria local no son los únicos, ya que en Castilla y León es habitual ver a los altos cargos con unidades exclusivas de Renault.

Coche de José María Aznar tras la explosión – Foto: http://www.alertadigital.com

Después de años en que la clase política ha ido acumulando privilegios y prebendas, el balance da un resultado estimado de unos 60.000 coches oficiales. Esto hace que el gasto de mantenimiento sea insostenible, ya no sólo por combustible, seguros y revisiones, si no por los costes salariales de los chóferes necesarios. Y es que este tipo de coches de representación no suelen ser muy económicos dada su gran potencia y elevada cilindrada. La solución en muchos casos ha sido deshacerse de muchos de esos vehículos, quedándose tan sólo con los imprescindibles. El método elegido ha sido el de subasta, con resultados peores de lo esperado. Según se hace eco El Economista, comunidades como la valenciana han puesto a la venta 42 automóviles obteniendo la ridícula cantidad de 85.000 euros. Aragón también ha anunciado que hará un remate similar, como ya lo hicieron Galicia y Castilla la Mancha.

Esa abultada oferta de coches de lujo hace que el segmento se resienta y bajen los precios. Si analizamos las cifras de ventas, en el acumulado del año las matriculaciones de este tipo de limusinas han caído un 40,4%. Es evidente que su mejor cliente eran las administraciones públicas. Y estas, en lugar de seguir comprando, ahora venden. Si ustedes quieren un coche de ministro poco usado y a buen precio, este es su momento.

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