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No creo que haya una estadística más desagradable que la que analiza la terrible cantidad de fallecidos en accidentes de tráfico. Si es muy elevada, parece que nuestras carreteras se han teñido de sangre convirtiéndose en verdaderas carnicerías. Pero en cambio si la cifra se reduce, muchas personas se alegran sin tener en cuenta que el único éxito en siniestralidad es el del cero absoluto. Las autoridades sólo deberían congratularse si consiguiesen erradicar absolutamente la sanguinaria epidemia de muertos que cada año sacude a las familias españolas. Como eso es imposible, sería interesante que los políticos afrontasen el problema con sinceridad y responsabilidad, presentando las medidas adecuadas para reducir al máximo los escalofriantes niveles actuales.
Investigación de un accidente de tráfico - Foto: www.teinteresa.es

Investigación de un accidente de tráfico – Foto: http://www.teinteresa.es

La noticia, comentada por mí brevemente hace unos días, es clara: en 2012 los fallecidos en carretera disminuyeron un 12% respecto a las cifras de 2011. Según el ministro del Interior, ya son nueve años consecutivos con menos víctimas mortales, siendo 1.304 personas fallecidas el número correspondiente al año que acaba de terminar. Como podemos ver en este link, Jorge Fernández Díaz equiparó estos datos a los de 1960, una época con muchos menos coches y conductores. En concreto, según se hace eco 20minutos.es, con un millón de automóviles y dos millones de permisos de conducir, en 1960 se produjeron 1.300 fallecidos. Frente a esto, actualmente en España hay 31 millones de vehículos en circulación y 26 millones de conductores. Aparentemente es un gran éxito, ¿verdad? Pues no es así. En los siguientes párrafos veremos el motivo.

Si ustedes van a dos supermercados distintos con la intención de confrontar el precio de los huevos, es absurdo que en el primer establecimiento anoten el precio de los huevos pequeños si en la segunda tienda se van a fijar en los huevos XL. Como es lógico, para comparar hay que utilizar términos similares. Sin embargo, en esto de la siniestralidad vial no se contrastan las mismas magnitudes por varios motivos. El primero de ellos es la mejora en los servicios de emergencia, ya que hoy en día la atención médica en los accidentes de tráfico es mucho más rápida y eficaz, de mejor calidad, con una mayor disposición de medios que antiguamente. Eso hace que las víctimas mortales disminuyan; por lo cual habría que fijarse en el número de personas que sufren graves secuelas, ya que han aumentado mucho con respecto a 1960. De hecho, en aquella época la probabilidad de morir en un siniestro grave era muy elevada. Por el contrario, hoy en día la probabilidad se ha reducido, aumentando en paralelo la de padecer secuelas irreversibles. Y si no, que se lo digan a los gestores de centros médicos como el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, que han visto como cada año aumentan más sus enfermos ingresados allí.

Por otra parte, los automóviles también han avanzado enormemente en cuestiones de seguridad. Si muchos modelos en los años sesenta no tenían ni cinturones de seguridad, hoy en día es obligatorio que todos los vehículos comercializados en la Unión Europea lleven una serie de medidas de seguridad activa y pasiva mínimas. Sólo con el ESP se contribuye a evitar una gran cantidad de pérdidas de control del coche que antes terminaban con muerte de los ocupantes. Por no hablar de los airbag, ABS, zonas de deformación programada,…

Otro punto importante que hace que descienda la siniestralidad son las mejoras en las infraestructuras. Hoy en día, prácticamente todas las capitales de provincia, junto con las vías de mayor tráfico, están conectadas por autovía. Eso provoca que sean menos los automóviles que actualmente circulan por carreteras convencionales de dos sentidos. De hecho, el 77% de los fallecidos en 2012 lo han hecho en accidentes producidos en ese tipo de carreteras convencionales más peligrosas.

Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior - Foto: www.extraconfidencial.com/

Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior – Foto: http://www.extraconfidencial.com/

Queda claro, entonces, que la política en seguridad vial se está rigiendo en función de unas estadísticas falaces, que no reflejan la verdadera realidad. Porque contando tan sólo los muertos en las 24 horas siguientes al siniestro, las víctimas tienen que reducirse necesariamente. Sin embargo, lo lamentable es que hoy en día muchos de esos heridos graves fallecen días o semanas después de haberse producido el accidente. Y si no pierden la vida, quedan con gravísimas secuelas de por vida. Aunque sí que existen estadísticas que reflejan a este tipo de víctimas, apenas se les da publicidad porque estoy seguro de que la realidad que revelan ya no sería tan positiva para los políticos. En mi opinión, debido a lo anteriormente expuesto, no deberían darse más datos de las primeras 24 horas, ya que inducen a error, no son veraces y no permiten atacar a los problemas de raíz. Las autoridades deberían analizar unas cifras tan importantes con el debido sosiego, haciendo caso a estadísticas que también incorporen a fallecidos más tardíos, así como a los heridos graves, que quedan con consecuencias irreparables.

Si los responsables de la seguridad vial se agarran con complacencia al clavo ardiendo de un recuento poco realista pero más amable, es evidente que el problema no se va a solucionar del todo nunca. No quieren ni hablar de erradicar puntos negros, del deficiente mantenimiento de las carreteras, de la mala señalización vial ni de los incoherentes límites de velocidad. Por no hablar de la falta de formación de los conductores. Se ha perdido una oportunidad única, ahora que se ha modificado el examen de conducir, para adecuarlo a la realidad del tráfico actual que nada tiene que ver con las exigencias de los examinadores.

Junto a todo lo señalado hasta ahora, hay que resaltar también que la crisis y la subida del precio de los carburantes ha causado que muchos conductores hayan dejado de utilizar su vehículo y de viajar en general. Y, obviamente, un coche aparcado a la puerta de casa es difícil que sufra un accidente.

Ya dije hace unos días en otro post que el Gobierno va a dedicarse a lo fácil, que es la política recaudatoria. Si la mayor parte de los percances ocurren en vías convencionales, pues bajamos los límites de velocidad en esas calzadas y seguro que descienden. Si de paso cazamos a algún despistado, pues mucho mejor. Y si encima se prohibiese circular por todas las carreteras del territorio nacional, entonces seguro que reduciríamos aún más la siniestralidad. O mejor aún: prohibamos los automóviles. Cuando no haya un solo vehículo en la carretera, seguro que tampoco habrá ningún muerto por esa causa. Lo extraño es que no se le haya ocurrido todavía a ningún lumbrera cortoplacista de pocas miras.

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3 pensamientos en “Los siniestros datos de la mortalidad en carretera

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